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Crítica de "El perro de Baskerville (The hound of the Baskervilles, 1959)
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Cartel del filmLo primero que llama poderosísimamente la atención de esta adaptación de la conocida novela de Arthur Conan Doyle (la más conocida junto con "El signo de los cuatro" y "Estudio en escarlata") es que Fisher tergiversa el espíritu de la novela original, potenciando los elementos terroríficos en detrimento de la hábil intriga detectivesca. Esta fue la causa del rechazo que la película recibió desde su estreno por parte de los admiradores de Conan Doyle, aunque también recibió el rechazo por parte de los fervorosos del fantastique, que suspiraban por un Fisher menos "atado de manos" por las convenciones del relato detectivesco.
No obstante, en cualquier otra película de Fisher sobre Frankenstein, Drácula, el hombre lobo o la momia se pueden encontrar instantáneas más tenebrosas y fantásticas que en todo el perro de Baskerville, pero ningún momento cinematográfico del realizador británico contiene tanta tensión (e intención para crear después una atmósfera concreta) como el prólogo de esta memorable película sobre el sabueso del páramo y la maldición que pesa sobre los Baskerville.
Cartel USAEn esta vibrante escena situada en los dominios de Sir Hugo de Baskerville, de quien desciende directamente el Henry Baskerville que encarna con una apasionante mezcla de elegancia y desconcierto Christopher Lee, Fisher nos muestra la extremada vileza del personaje. La acción acontece en su castillo, durante una de las muchas fiestas orgiásticas que organiza Sir Hugo. Arroja al agua a uno de sus sirvientes a través de un ventanal. Después, persiguiendo el contraste más cruel que le dé placer a él y a sus amigos, lo asa como a un cerdo en la chimenea.
Fisher no contiene aquí el corto pero ejemplar retrato del vil Sir Hugo (un David Oxley excelente porque en apenas cinco minutos, lo que aparece el personaje en el film, construye y define enteramente el personaje).
No contento con eso, sediento de sexo, sube a los aposentos del primer piso para buscar a la hija del sirviente, a la que quiere entregar a su camada de amigos.
La muchacha ha escapado y Sir Hugo la persigue por el páramo lanzando desbocada a su jauría de perros, como si la joven fuera una más de su colecció de trofeos de caza. La resolución de esta escena de prólogo en las ruinas de la abadía tiene un magnetismo especial. Ante la cámara de Jack Asher se mezclan la exagerada bruma, que casi puede olerse y palparse, y el polvo del camino que se agita y remueve en el aire bajo los pasos de la doncella que intenta escapar en vano del malvado Baskerville. El efecto es demoledor, de un goticismo que alcanza cimas de pesadilla irreal pese al naturalismo que envuelve toda la película, incluida la resolución de su misterio ancestral.
Ciertamente, y esto ya lo he repetido hasta la saciedad, Fisher vuelve a acertar con el prólogo, potente y directo que nos sumerge de cabeza en la leyenda para poco después trasladarnos al 221b de Baker Street.El 221B Baker Street
Curiosamente el título de la novela, al igual que el de la película se puede referir al perro de la leyenda y/o al encargado de resolver todo el embrollo: Sherlock Holmes (dado que él también es un sabueso "hound").
En este contexto, el Sherlock Holmes de Fisher y Cushing, tan lacónico siempre como lo son sus frases ("posible pero improbable"), tan directo como las enérgicas perguntas que lanza inesperadamente al párroco amante de la entomología, a la sirvienta de los Baskerville (hermana del ladrón evadido que merodea por las tierras casi baldías confundiéndose en la leyenda con el sabueso gigantesco) o el ambivalente Dr. Mortimer, podría verse como el observador del horror, el ancla que mantiene Fisher con el realismo pese a que en el relato abunden los resortes de la fantasía más inquietante: aullidos procedentes del brumoso páramo, voces y lamentos infantiles que emergen del corazón del castillo, vasos hechos añicos cuando se pronuncian palabras concretas, la música que se impone sobre los gritos de terror de una víctima del perro, cuadros misteriosamente desaparecidos que escamotean importantes deducciones detectivescas (la mano palmeada de Sir Hugo y de Stapleton, su descendiente bastardo), figuras sobrecogedoras que se recortan sobre el cielo en el ocaso del día, la débil luz de una vela situada en el horizonte del páramo, ciénagas dispuestas a engullir en el correoso lodo a todo aquel que se aparte del sendero, asesinatos rituales cuyo horror nos es transmitido por las expresiones de quienes encuentran los cadáveres entre las piedras de la vieja abadía; el gran perro, finalmente, al que solo veremos en la escena final, con la cabeza cubierta con una máscara de piel para que pueda infundir más terror a sus víctimas ya que, en definitiva, el sabueso que habitó en los dominios de los Baskerville, manipulado de forma atroz por los herederos ilegítimos de la familia para que se convirtiera en una bestia sanguinaria, no tenía necesidad de emplear sus caninos porque muchas de sus presas morían de paro cardíaco solo al ver su gigantesca silueta.

Siempre me he preguntado cómo habría rodado esta misma película Jacques Tourneur, dado que el tema de la novela le venía como anillo al dedo al director francés. No obstante, al tratarse de Sherlock Holmes, se hace prácticamente imposible realizar un final tan ambigüo como los que le gustaba rodar a Tourneur (véase "La mujer pantera", "I walked with a zombie", y "La maldición del demonio").
Esto es lo que pasa con las películas que están resultas y estructuradas bajo las directrices del whodunit (siempre se va a acabar averiguando "quién" lo hizo).
Pero al igual que Tourneur, y al contrario de algunas otras aportaciones de la Hammer, Fisher sugiere más que muestra, quizá porque su punto de vista acaba por corresponder con el de el racional Holmes, para quien todo misterio es susceptible de ser resuelto, por lo tanto, de ser real y no fruto de leyendas incontestables o enigmas del más allá. Pese a ello, "El perro de Baskerville" es la menos detectivesca de las adaptaciones cinematográficas del personaje, también la más tenebrosa. Las más detectivescas fueron las protagonizadas por Basil Rathbone desde finales de los años 30 hasta mediados de los 40, y por supuesto, la interpretación de Cushing poco o nada tiene que ver con la de Rathbone.Basil Rathbone
Mención aparte constituye la vibrante interpretación de Peter Cushing; sencillamente espléndida y sensacional (y ya es la cuarta vez en tres años para Hammer Films). Compone un Holmes vital, enérgico, perseverante, concienzudo, analítico, que desde el primer momento domina la situación como si de un títere se tratase (incluso durante el intervalo de tiempo que no aparece en pantalla).
Es otra de sus mejores interpretaciones y resulta curioso contemplar la relación que tiene con determinados objetos iconográficos del personaje de Conan Doyle: la pipa, el bastón, el "gorro"... todos estos objetos son utilizados por Cushing para potenciar los elementos arquetípicos de Sherlock Holmes. Y esta conjunción de objetos-actor encaja y fluye a la perfección durante todo el metraje.

Peter Cushing con pipa y sombreroPeter Cushing con pipa y lupaDurante toda la película hay una constante colisión entre los elementos naturalistas, literarios y los de la propia creación iconográfica de la Hammer, y de ese roce permanente se nutre la extraña belleza de esta película de atmósfera crepuscular (no en vano, Sir Henry es el último de los Baskerville) cuyos personajes recorren casi siempre las estancias del castillo, los caminos circundantes y la vieja abadia en la fractura entre el día y la noche. La aparición de Holmes en los dominios de Baskerville no puede ser más fantasmagórica: es aquella silueta citada que se dibuja en el ocaso, la misma que emerge teatralmente de entre las piedras de la abadía para darle a su querido Watson el mayor susto de toda la película (aparición muy parecida a la de Frankenstein en "The revenge of Frankenstein", en el cementerio cuando mata de un susto a uno de los ladrones de tumbas).
Hablando de otras escenas similares en anteriores películas de Fisher habría que mencionar dos que están "calcadas" del Dracula de 1958.
La de Holmes en el hotel advirtiendo con el dedo en alto a Sir Henry de que no debe pasear por el páramo después del crepúsculo, es muy parecida a la de Van Helsing explicando, también con el dedo en alto, a la Sra. Holmwood lo que tiene que hacer para que no muera Lucy: "... si no lo hace, morirá".Holmes aclarando lo sucedido
La otra es idéntica en concepción, forma y puesta en escena,... incluso en intenciones: cuando Cecile besa y abraza a Sir Henry en la granja de los Stapleton, ve como aparece Stapleton por detrás y se aparta de Sir Henry; es igual al primer encuentro de Harker con la mujer-vampiro y Drácula en el castillo de este último; basta cambiar los nombres de Dracula por Stapleton, el de la mujer-vampiro por Cecile y el de Harker por el de Sir Henry (la víctima). ¿Curioso no?


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